¿De verdad nos está pasando esto?

Hacer las cosas de forma diferente, hace que vivamos experiencias distintas. Caminos Opuestos trata de eso, experimentar cómo es la vida fuera de lo corriente. Como ya sabes, nosotros hemos optado por vivir en una furgo y recorrer la costa de Europa. Un cambio de vida que nos ha regalando mil experiencias, y claro también, mil chascarrillos y anécdotas de viaje sólo aptas para contar entre amigos. ¿Quieres saber un poco más? – ¡Camarero, una de anécdotas!

¡Mierda, la poli!

Así es como le he dado los “buenos días” a Josune en Cantabria. A lo que me responde, ¡que va! ¿qué dices?

Sobre las 8 de la mañana escucho llamar a nuestra furgo, y al instante despierto y abro la cortina, y veo a dos policías locales. Aviso a Josune, que no me hace caso e intento coger algo de ropa para abrir la puerta todo apresurado. En mi mente solo estaba “que no te pongan multa. Después de hablar un poco con ellos, nos informan y se van.

Resulta que en día anterior después de mucho buscar habíamos llegado de noche al parking alejado de la mano de dios, donde sí podíamos pasar la noche sin riesgo a receta en el parabrisas. Inconscientes y novatos, dejamos la cortina de la ducha en el portabicis a secar. Un simple hecho que nos ha costado un sobresalto mañanero, puesto que lo consideraron acampar, algo que sólo se puede hacer en un camping.

¡Lección aprendida!

Despertar con la poli

Si pone 300W, no conectes algo de 600W

También se podría titular, cómo quedarse sin corriente en menos de 2 segundos.

Los dos tenemos el pelo largo, y aunque fuese verano, después de la ducha queríamos secarlo un poco. Sabéis que tenemos un transformador de corriente, y en él fuimos a enchufar un mini secador. Lo enciendo en el nivel uno, se nota un bajo en las luces, entonces apago el secador. Algo, no sé qué, pasó por mi cabeza y lo siguiente que hago es volver a encenderlo en la segunda posición. ¡Placs! Transformador roto.

Ese secador sólo lo llevamos por si paramos en algún camping, o algún lugar donde tenga corriente. Sabíamos que no se podía conectar. En fin, cometiendo errores aprendemos.

Resultado: buscar a alguien que nos lo reparase y tres días de espera en un pueblo que se visita en dos horas y que no tenía olas para surfear.

Transformador estropeado y fusible quemado

El hombre de la motosierra

Ver películas de terror a veces pasa factura

Media noche. Camino de tierra, a un lado de monte y árboles y al otro la playa. Ninguna casa alrededor. Se intuía una noche tranquila, sin ruidos ni sorpresas. Josune sale de la furgo y al entrar dice: creo que vi una luz. Hago caso omiso y seguimos a lo nuestro.

Más tarde y solo por jugar un poco digo: puede estar alguien mirando por la ventana y ni nos enteramos. Seguimos hablando y sin que venga a cuento suelto: “cuanto más alejado, es más fácil que te pase algo sin que nadie se entere”. A lo que me responde: Jose, deja de decir tonterías. En busca de rizar más el rizo, digo por lo bajo: mientras dormimos puede romper la ventana y entrar…

Después de un rato hablando, hasta a mi me habían entrado las dudas de que ese sitio fuese bueno para pasar la noche. Cualquier ruido del viento era mal interpretado. ¿Y si abrimos la puerta y está con la motosierra?

Era tal la incomodidad que arrancamos y nos fuimos.

A la mañana volvimos al mismo sitio, pero para coger las chanclas que habíamos dejado con las prisas.

Ahora, siempre que nos encontramos en una situación similar, hablamos del “hombre de la motosierra”, pero ya no tiene tanta gracia.

El hombre de la motosierra en el paraje desierto

¡Mierda, los gendarmes!

Ahora, a la francesa

La misma secuencia, pero a las 7:30. Nos despierta la “poli”, Josune piensa que bromeo, y yo a prisas para que no escriban una notita.

Abro el portón e intento hacerme el sueco. Pero para mi sorpresa sabía castellano, y bastante bien, por cierto.

Después de hablar con él, parece que le dice al compañero que no siga con la multa.

Segunda vez que nos libramos y por causas similares. Llegamos de noche y no vimos el cartel que estaba a 4 metros de altura en un poste prohibiendo la acampada. No éramos los únicos en pasar la noche allí, pero si los mayores despistados que dejaron el calzado fuera, delante del portón.

Por intentar no manchar, madrugón y susto.

Indicaciones en un parking de que no se puede pernoctar

Una sombra muy cara

Que lo hagan los demás, no significa que esté bien

Nuestro plan era comer y visitar la reserva biológica de Mailloueyre, Francia. Verano, mediodía y sol, lógicamente el parking de unos 20 vehículos ya estaba casi lleno. Muchos habían decidido aparcar al lado del camino de acceso. Una zona amplia en donde aparentemente no habría problema. Si, es cierto, había una señal de prohibido estacionar.

Pero la sombra bajo los árboles y los demás coches, nos hicieron dudar. Y finalmente, fuimos a esa zona.

Portón abierto, plato en las piernas y a comer mientras la brisa hacía más placentero ese momento. Al poco vemos a una persona que va uno por uno por los coches aparcados dejando un papel enganchado en los limpiaparabrisas.

¿Quién será? – Nos preguntábamos.

Al llegar a nosotros nos dice algo en francés. Intuyendo la que se nos avecina, nos hacemos los suecos otra vez y hablamos con él. Mira nuestra matricula de reojo, nos señala el parking y se va al siguiente coche.

Una vez la furgo en el parking (la movimos 20 metros), la curiosidad nos desborda. Nos acercamos a un coche a ver de qué era el papel. No hace falta saber francés, es más, podríamos identificar una multa hasta en chino. La bromita de aparcar en la sombra 135€. De no estar en la furgo nos habría arruinado el presupuesto de 10 días.
Aún pensando que hacíamos las cosas bien, las estábamos haciendo mal. ¿Lección aprendida?

Multa por aparcar a la sombra

Hasta aquí, la primera ración de anécdotas, pero ya hay más esperando ser escritas.

Estamos viviendo una etapa de nuestras vidas totalmente diferente a las anteriores. Tal vez algunas cosas era mejor no haberlas vivido, pero son parte de la vida y del viaje. Son experiencias que te hacen crecer.

Los problemas de ayer, son las risas de hoy.