Un viaje de meses con tu pareja, solos, sin rutina, con todo el tiempo para vosotros, idílico, ¿verdad? A nosotros también nos parecía eso al principio. Pero… en calma el mar no creas, por sereno que lo veas.

Esta vez Caminos Opuestos mostrará su lado más íntimo. Una parte fundamental que también forma parte de esta aventura en busca de experiencias: convivir en furgoneta con tu pareja.

Primer día en furgo. Perfecto, increíble y hasta mágico. Perfecto por levantarnos con muy buen humor, preparando un rico desayuno en unas mesas de madera del parque. Increíble, por la buena conexión entre nosotros y por haber dejado atrás nuestras rutinarias vidas anteriores. Mágico por el lugar donde estábamos, por el paseo en bici entre los árboles, las pozas y los molinos de agua.

Los siguientes días, empiezan esos pequeños roces sanos, pero entran dentro de lo aceptable. Seguimos sonriendo, se nos ocurren planes, no paramos de hacer fotos… Con el paso de los días nos empiezan a incomodar un poco las maneras del otro, es decir, nos volvemos más intransigentes.

Contras de convivir en furgoneta

Convivir en 4 m2 donde la cama es la cocina, que a su vez es el salón, el cual también es el armario y la despensa y el medio de transporte, no es nada fácil. ¿Por qué?

Porque tienes que compaginar todas las tareas. O se duerme o se cocina. Las luces o están apagadas o encendidas.

Porque dejas de tener ese momento de descanso en solitario, ese momento de: me tiro en el sofá 5 minutos mirando las musarañas. Ese momento de reflexión bajo la ducha.

Porque muestras todas tus cartas. No tienes intimidad. Se pierden, o se hacen más difíciles las sorpresas hacia tu pareja.

Porque necesitas mutuo acuerdo en la organización del día. Donde aparcar para dormir. La hora de apagar luces, o a que hora levantarse. Día de playa o montaña. Escoger el siguiente destino o quedarse un día más. Y un largo etcétera de decisiones.

Comunicación en la pareja

Porque no tienes las comodidades de casa. Buscar aparcamiento en sombra, para no tener un horno de furgo por el día. Encontrar sitio tranquilo y que te permitan pernoctar para no despertarte con un poema en el parabrisas con el símbolo de euro. Buscar una fuente de agua potable todos los días para llenar el depósito. Vaciar el depósito de agua sucias en lugares habilitados. Buscar donde poder ducharte, que no es fácil, si intentas respetar el entorno.

Estos elementos zancadillean tu día a día. Minan tus pensamientos y hasta llegan a derrumbarte por momentos. Nos volvimos tan irascibles que, gestos insignificantes de la convivencia, los transformamos en cortantes indirectas más peligrosas que una piraña en un bidé, como:

  • Prefiero fregar yo, así no cae tanta agua por fuera.
  • Abre y cierra otra vez, que creo que la puerta aún no se rompió.
  • No sé quién sería el último en utilizar la pasta de dientes…
  • El estropajo absorbe agua, igual es mejor no dejarlo fuera del fregadero.
  • ¡Pumm! ¡Que te dije que parases! – Si me estás haciendo todo el rato los mismos gestos, ¿cómo voy a saber cuándo quieres que siga para atrás o que pare?

Estas no son frases bonitas, pero en un ambiente saludable de pareja, se toman con humor. Dada la situación, llegaban a ser conversaciones que pasaban factura a la relación de pareja. Hemos pasado por baches, incluso por socavones. Hemos estado “conviviendo” en la furgo sin hablarnos, haciendo de esto sueños rotos.

Te confesaremos un secreto: somos una pareja muy pasional, y cuando estamos bien, estamos muy bien. Pero cuando estamos mal…

“Tras la tormenta viene la calma, lo mismo en el cielo que en nuestra alma”

Con el paso del tiempo estamos aprendiendo a vivir de esta forma, a darle la vuelta a las incomodidades. Clave fundamental para que convivir en una furgoneta de 4 m2 no sean una barrera entre nosotros.

Los momentos duros nos han reforzado. Una mayor tolerancia, complicidad, saber escuchar y hasta mayor admiración por el otro.

Convivir en un espacio tan reducido nos ha brindado la oportunidad de conocer aún más si cabe a la otra persona. Algo que es y será uno de los recuerdos más bonitos que tendremos de esta aventura como pareja.

Podríamos decir que mar en calma no hace un buen marinero. Ahora nosotros ya somos capitanes!!