La ruta opuesta a la que se supone que nos deberíamos de dirigir. Esa conducta diferente a lo estipulado. Ese comportamiento que hace saltar las alarmas del “sentido común” de tu entorno. Es la sociedad la que nos escribe las pautas de como debemos vivir; colegio, universidad, trabajo, pareja, boda, viaje, hipoteca, hijos y jubilación. Y cuando nos salimos del guión son numerosos los dedos que nos señalan.

Las vidas frenéticas a las que nos enfrentamos no nos dejan hacer una pausa para pensar. Para verlo todo desde una perspectiva más global y plantearnos si la única vida que tenemos la estamos enfocando como queremos. Cuando decidimos que no, aun tenemos que interiorizar que otras formas de hacer las cosas no son una utopía y envalentonarnos para que las críticas no impidan que hagamos lo que buscamos.

Después de años siguiendo el mismo camino que creíamos escrito, nos hemos replanteado la dirección de nuestras vidas y hemos decidido dejarlo todo atrás. Para salirnos de la rutina, de lo que se supone que debemos hacer y pensar.

Porque nuestros caminos no están escritos. Somos nosotros los que decidimos la dirección que debemos seguir.